El uso de apelativos genera tensiones por la falta de respeto matrimonial
En el canal de YouTube 'Dongchimi', los participantes debatieron cómo la forma en que los cónyuges se llaman entre sí puede determinar la temperatura de su relación y generar conflictos psicológicos.

En una emisión de Dongchimi, varias participantes analizaron cómo términos como "oye" o el uso de lenguaje informal pueden causar conflictos, destacando que el respeto es el factor esencial para la convivencia más allá de la forma de llamarse.
Incluso en la relación más cercana, la de un matrimonio, un simple apelativo puede ser un factor determinante para la temperatura de la relación. En una emisión reciente del canal de YouTube 'Dongchimi', los participantes conversaron sobre la cortesía entre esposos, los términos utilizados para llamarse y los sutiles conflictos psicológicos que estos provocan.
"Llamar 'oye' se siente como un insulto"... El peso del respeto en los apelativos
Los participantes coincidieron en que el apelativo que recibe un cónyuge es más que una simple forma de llamar; es una medida del respeto. Una de las participantes expresó su incomodidad desde el inicio de su matrimonio debido a que su marido, en lugar de usar términos afectuosos, la llamaba "oye" o "eh". En particular, relató un episodio en el que su esposo la llamaba "tierra", bajo la premisa de que "el marido es el cielo y la esposa es la tierra", criticando la indiferencia de su esposo al añadir que "lo único que el cielo le ha hecho a la tierra es el trueno y el relámpago". Ella compartió sus sentimientos honestos sobre la sensación de insulto que surge cuando falta el deseo de ser respetada por la persona más cercana.

Otra participante mencionó que su marido era cuidadoso y utilizaba un lenguaje formal durante el noviazgo, pero que sintió un cambio en la relación cuando, de repente, comenzó a usar lenguaje informal por error. Explicó que, aunque al principio le agradaba la cercanía que brindaba el lenguaje informal, llegó un punto de reflexión en el que empezó a sentirse mal cuando el uso de este lenguaje se convirtió en un hábito de su esposo. Los participantes llegaron al consenso de que las esposas valoran, por encima de todo, el respeto que reciben de su marido.
"Incluso guardar el nombre es delicado"... Reglas de apelativos distintas para cada pareja
Las preferencias de apelativos y la forma de guardarlos en el teléfono variaban según cada pareja. Una participante relató su enfado cuando su marido guardó su nombre en el móvil como "Hong Seung-yeon". Ante la pregunta del marido de "¿entonces cómo lo guardo?", ella respondió que lo guardara como "mi esposa", explicando que esa expresión significaba que era la única entre todos los demás nombres.

Por otro lado, se presentó el caso de una esposa guardada en el teléfono del marido como "condesa". Este apelativo contenía la promesa de que, cuando tuviera éxito en el futuro, la trataría como a una condesa, ya que aún no le había hecho nada especial. Además de esto, términos como "cariño", "querida" o el propio nombre mostraron diferentes matices en las relaciones de cada pareja. Se compartieron ejemplos específicos sobre cómo la distancia psicológica o la intimidad que brinda un apelativo determinado puede cambiar la calidad de la conversación. Una participante incluso mencionó el caso de un marido que guardó el número de su esposa como "vitamina".
Entre el lenguaje formal y el informal: Sobre la esencia del "respeto"
También se presentó el caso de parejas que han establecido como regla el "uso de lenguaje formal" para reducir las discusiones. Se trata de un esfuerzo por mantener un mínimo de cortesía mutua mediante el uso de lenguaje formal cuando las emociones se intensifican. Una participante señaló que "al usar lenguaje formal, ciertamente se reduce la agresividad en las acciones", mencionando que ayuda a controlar las emociones exaltadas. Por el contrario, también se describió a parejas que mantienen una comunicación flexible, situándose en un punto intermedio entre el lenguaje formal y el informal.
La conversación concluyó con la idea de que el sentimiento de "respeto" subyacente es más importante que la forma del apelativo. El mensaje central de este diálogo es que los apelativos son solo el fenómeno externo y que, si falta el respeto sincero en la forma de tratar al otro, ningún apelativo podrá hacer que la relación sea plena.
Fuente: vídeo original (YouTube)
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